«La bondad, aunque sea de unos pocos, puede vencer el miedo de muchos«, León XIV
El Santo Padre presidió el pasado lunes 8 de junio -tras su encuentro en la Catedral de la Almudena, y el obsequio de una rosa de oro a la Virgen- en el Estadio Santiago Bernabéu, ante más de 70.000 personas, el Encuentro con la Comunidad Diocesana de la provincia eclesiástica de Madrid, con un mensaje sobre la sinodalidad, la relación entre Iglesia y ciudad y la fuerza transformadora del Bautismo.

«Existe, pues, una relación especial entre la Iglesia y la ciudad, que cobra aún mayor importancia en el cambio de época que estamos viviendo: una relación que, naturalmente, se materializa entre personas de carne y hueso, en las relaciones laborales y de proximidad, pero también en las distintas comunidades, asociaciones y entidades barriales«.
«La bondad, aunque sea de unos pocos, puede vencer el miedo de muchos. Sed, para todos, como una Biblia abierta«.
«El amor, efectivamente, es el lenguaje que hace que todos se sientan como en casa«.
Fotografía de apertura: Gabriel González-Andrío

Madrid, 8 de junio de 2026. El Papa León XIV presidió el lunes 8 de junio, en el Estadio Santiago Bernabéu el Encuentro con la Comunidad Diocesana, uno de los actos centrales de su Viaje Apostólico a España. Ante representantes de parroquias, movimientos, vida consagrada, sacerdotes y agentes pastorales de la archidiócesis de Madrid y de las diócesis sufragáneas de Alcalá de Henares y Getafe, el Santo Padre ha afirmado que «el Bautismo cambia verdaderamente la vida«, ha hablado de la Iglesia como «una familia eclesial tan hermosa que está aprendiendo el arte de la polifonía» y ha invitado a la Comunidad Diocesana a ser «para todos, como una Biblia abierta«.

Un encuentro histórico





El acto del Estadio Santiago Bernabéu, ante cerca de 70.000 personas, presidido por las imágenes de la Virgen de la Almudena y del Cristo de Medinaceli, ha supuesto el segundo encuentro de un Papa en el coliseo blanco, 44 años después de la visita de San Juan Pablo II en noviembre de 1982. A su llegada al estadio, el Santo Padre fue recibido por la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, el alcalde de Madrid, José Luis Martínez-Almeida, y por el presidente del Real Madrid, Florentino Pérez, por las ministras de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones, Elma Saiz, y la de Vivienda y Agenda Urbana, Isabel Rodríguez. Se le ha entregado como obsequio una camiseta del club con su nombre. Antes del inicio del acto, el Pontífice realizó una vuelta en golf-cart para poder ser visto mejor por los fieles congregados en las gradas.
Fotografías del carrusel: A Perez Meca – Europa Press
Ya en el césped del estadio, el cardenal arzobispo de Madrid, José Cobo Cano, recibió al Santo Padre con unas palabras de bienvenida. “Somos comunidad, Pueblo de Dios que, cuando vive unido, se convierte en un canto que lo hace presente: tanto más bello, cuanto más sabe armonizar la diversidad de sus voces”.
El encuentro contó con el Coro Familiar Iglesia de Madrid —cerca de 1.000 cantantes, 300 de ellos niños, con 70 músicos y 100 bailarines, dirigidos por el sacerdote Toño Casado— y con el himno del Viaje Apostólico, «Alzad la mirada», interpretado al inicio del acto por Daniel Diges, Diana Navarro y David Bustamante. Al término de los testimonios, un grupo de sacerdotes interpretó Ungidos, un tema musical surgido durante la celebración del Convivium. La conducción del evento corrió a cargo de los periodistas Christian Gálvez y Patricia Pardo.
La polifonía como
imagen de la Iglesia

Tras la bienvenida, el Santo Padre comenzó diciendo que “para un jugador de fútbol hacer un gol en este estadio es algo que marca toda la vida”, pero “hoy la Iglesia de Madrid ha hecho un golazo para siempre”.

A continuación, tomó la imagen de la polifonía para situar todo su discurso en el marco de la unidad en la pluralidad. «Esta velada es un gran himno de fe y me complace unir mi voz a la vuestra para alabar a Dios y fortalecer los lazos de una familia eclesial tan hermosa que está aprendiendo el arte de la polifonía, es decir, de la unidad en la diversidad«, comenzó el Santo Padre, antes de subrayar que «los números, los datos y los hechos no son suficientes para generar comunidad: nuestro corazón necesita cantar, es decir, interpretar los acontecimientos y las situaciones celebrando con los demás el sentido que irradian«. Para la Iglesia, añadió, esa polifonía se realiza de manera singular «en la liturgia, el gran Memorial de la historia que nos ha salvado«.
El Pontífice aludió al verbo griego synéchei que San Pablo emplea en su Segunda Carta a los Corintios (2 Cor 5,14), y cuyo significado pleno abarca «nos cautiva«, «nos mantiene unidos«, «nos posee«, para llamar a los presentes a la responsabilidad de la acción. «También hoy el amor de Cristo nos apremia«, recordó León XIV, situando este apremio en el horizonte de la Evangelii gaudium, «una respuesta coral a la obra de Dios en Jesucristo: su vida, muerte y resurrección han cambiado para siempre la percepción de la historia de quienes lo han encontrado y seguido«.
El Bautismo como raíz de
la corresponsabilidad
El núcleo del mensaje del Papa giró en torno al Bautismo. Recogiendo los testimonios escuchados durante el acto, León XIV afirmó que, como algunos de los presentes habían testimoniado esa noche, «el Bautismo cambia verdaderamente la vida. Nuestras sensibilidades, procedencias y prioridades se encuentran en Cristo y de su vida reciben la savia, como los sarmientos de la vid«. Esta transformación bautismal, precisó el Santo Padre, opera por una reorientación de lo que ya hay en cada persona, «porque se orienta al servicio, deja de ser un don privado y sirve al bien común«, sin producir nunca uniformidad.
León XIV se referió a su primera Encíclica, Magnifica humanitas, para proponer como alternativa a la homologación y la confusión la figura del personaje del Antiguo Testamento, Nehemías –considerado por la tradición, el reconstructor de las murallas de Jerusalén– «que involucra a toda la comunidad para reconstruir los muros de Jerusalén«. Y citó un pasaje de su propio magisterio: «Hoy, reconstruir significa reconocer que, en la pluralidad de voces y visiones que a veces recuerda la dispersión de las lenguas, existe, sin embargo, una posibilidad luminosa: la de edificar juntos, transformando la diversidad en un recurso y haciendo de la escucha y del diálogo el terreno común en el cual hacer crecer la justicia y la fraternidad«. La sinodalidad se convierte así, según el Pontífice, en «el espacio en el que la humanidad recupere sus cimientos sólidos y su fin último».
La Iglesia en el corazón
de la ciudad
La parte más extensa del discurso estuvo dedicada a la relación entre la Iglesia y la gran ciudad. «Existe, pues, una relación especial entre la Iglesia y la ciudad, que cobra aún mayor importancia en el cambio de época que estamos viviendo«, afirmó el Santo Padre, citando a su predecesor Francisco y la Evangelii gaudium para apuntar que en las grandes realidades urbanas «una cultura inédita late y se elabora«. La pregunta decisiva, que planteó León XIV, es si lo que los cristianos son y hacen alcanza realmente los “núcleos más profundos del alma de las ciudades«.
En la misma línea, pidió no dispersarse: «Por eso es tan importante no dispersarnos ni encerrarnos cada uno en el grupo o en el entorno en el que ya nos sentimos seguros, entre personas que siempre cantan la misma melodía«. «Para llegar al corazón de la ciudad hay que cultivar la conciencia de que la verdad es sinfónica y siempre nos supera, cultivar el deseo de encontrar al Resucitado, que siempre va por delante de nosotros, nos precede y tal vez ya esté presente donde aún no lo hemos buscado«. El Pontífice invocó el libro de Jonás como «una joya de la Biblia» y recordó que no fue fortuito que los Apóstoles implantaran la Iglesia naciente precisamente en las ciudades, «donde, de forma más natural, las personas se enfrentan a la diversidad y al cambio«.
León XIV ha expresado confianza en el fenómeno creciente de los adultos que retornan o llegan por primera vez a la fe. «Tened confianza en el hecho, cada vez más evidente, de que se puede volver a la fe o conocerla por primera vez en la edad adulta. Disponeos a acoger los nuevos comienzos no como una excepción, sino como la regla de la misión«.
Los consejos parroquiales
y diocesanos

Una parte significativa del mensaje estuvo destinada a respaldar los consejos parroquiales y diocesanos como instrumentos centrales del discernimiento eclesial. «La inversión en los consejos parroquiales y diocesanos no tiene un objetivo menor que este: modificar la sensibilidad de cada uno gracias a una escucha más profunda de lo que el Espíritu dice a la Iglesia. Sería una lástima reducirlos a meros trámites burocráticos«.
A los sacerdotes, León XIV les dirigió una invitación específica. «Invito a los presbíteros a reconocer la práctica del discernimiento comunitario como una de las mayores oportunidades que la sinodalidad ofrece a su ministerio«. Detenerse regularmente con el pueblo, añadió, para interpretar la vida de los barrios, los cambios culturales, las tensiones sociales y las prácticas eclesiales a la luz del Evangelio, «enriquecerá y consolará vuestro ministerio«.
Testimonios de la
comunidad diocesana
El Encuentro había contado previamente con las intervenciones de cinco miembros de la diócesis, que el Pontífice recogió expresamente en su discurso. Susana Arregui, en representación del Consejo Diocesano de Laicos, y Jesús Moure, laico padre de familia con dos hijos con discapacidad, presentaron la experiencia de los consejos pastorales como espacios concretos de comunión y corresponsabilidad. El sacerdote Fausto Calvo compartió la vivencia del Convivium, el encuentro del presbiterio diocesano de Madrid celebrado el pasado enero, recordando la expresión de San Juan Pablo II sobre la «radical forma comunitaria» del ministerio sacerdotal.
A continuación, el matrimonio peruano formado por Jorge Barco y Liliana Torres, llegado a España hace cuatro años y hoy voluntarios de Cáritas en programas de acompañamiento a menores y a madres en situación de vulnerabilidad, ofreció su testimonio como familia migrante acogida por la comunidad parroquial de los Misioneros de la Preciosa Sangre. Cerró el bloque Álvaro, de 33 años, que el año pasado recibió los sacramentos de iniciación cristiana tras una vida declaradamente atea: «Leer la Biblia todos los días me llevó a conocer a Dios, a conocer a Jesús, y eso me llevó a rezar, y rezar me trajo una conexión directa con Él, algo que no había sentido nunca«.
Como una Biblia abierta

León XIV cerró su discurso recogiendo los testimonios escuchados y proyectándolos sobre toda la Comunidad Diocesana. «La bondad, aunque sea de unos pocos, puede vencer el miedo de muchos. Sed, para todos, como una Biblia abierta: que en vuestros rostros y en vuestra vida se pueda encontrar la Palabra de Dios. El amor, efectivamente, es el lenguaje que hace que todos se sientan como en casa«.

Antes de la llegada del Papa, el Bernabéu acogió distintas actuaciones, como el mago Jorge Blass, y testimonios. El acto se cerró con el rezo del Padrenuestro, la bendición final impartida por el Santo Padre, el Himno de la Almudena.











